La concentración del patrimonio documental de Mérida-Badajoz en el Archivo Diocesano: crónica de un desastre PDF Imprimir E-mail
Escrito por Antonio Alfaro de Prado   
Martes, 01 de Octubre de 2013 22:39

 

El Archivo Histórico Diocesano de Mérida-Badajoz constituye sin duda el destino natural de los fondos eclesiásticos, tanto de los propios del arzobispado y de las instituciones que históricamente han tenido vinculación con ella, como de los miles de legajos que albergan las parroquias pacenses a lo largo y ancho de su amplio territorio.  Custodiar adecuadamente estos fondos centenarios requiere una labor continua de conservación, mantener unas instalaciones y emplear un tiempo de  atención a los investigadores que no está al alcance de casi ninguna parroquia de la diócesis, cuyos escasos recursos pueden y deben estar prioritariamente al servicio de su labor pastoral y asistencial.

Cuando hace prácticamente un año el arzobispado decretó la concentración de los libros sacramentales en el Archivo Diocesano muchos pudieron pensar que el objetivo era precisamente el único que puede justificar la medida: garantizar la conservación de los libros y ofrecerlos para su consulta en unas instalaciones capaces y adecuadas. Desgraciadamente la situación previa del Diocesano no avalaba esta interpretación de la medida.

Desde el año 2006, tras el relevo en la dirección del archivo, la situación de este no puede ser más negativa, se ha sumido en una casi completa oscuridad. Han pasado muchos años sin que la inmensa mayoría de los investigadores conozca los resultados de las supuestas labores de catalogación que se están realizando y los criterios que se están utilizando. Los horarios de consulta rara vez son respetados por su director, quien según su agenda personal decreta el cierre anticipado o la suspensión del servicio durante horas e incluso días. Numerosos investigadores son desanimados por esta misma persona, que ha llegado a negar por escrito la existencia de series documentales tan amplias e insustituibles como las de expedientes matrimoniales o los valiosísimos fondos procedentes de la Orden de Santiago. Decenas de investigadores, particulares y profesionales, han llegado a sus puertas tras viajar desde centenares, miles y decenas de miles de kilómetros para no ser atendidos, recibir negativas a la consulta de los fondos o encontrarse con el servicio suspendido en el horario regular de apertura que se les había anticipado.

Ante esta situación, pública y notoria, denunciada al Arzobispado, que desde las más altas instancias se haya promovido la concentración de fondos precisamente en el Diocesano es una medida incomprensible e injustificable. Que sea el anfitrión este archivo prácticamente sin actividad y sin la menor voluntad de servicio no conlleva más que la condena a prisión de tan vasto patrimonio documental de Badajoz.

Alburquerque tuvo el triste honor de encabezar el éxodo de documentos. Es significativo que algunas semanas más tarde se solicitase al Diocesano la consulta de estos mismos libros parroquiales trasladados y que su director lo denegara alegando literalmente que todo estaba embalado y que no se sabía cuando podría catalogarse y ofrecerse para consulta, es decir, que de forma indefinida la investigación quedaba suspendida, sine die.

Varias instituciones públicas y privadas han solicitado durante meses una solución de consenso tan asequible y eficaz como es la digitalización de los fondos, una opción que permitiría el traslado de los fondos, su mejor salvaguarda y la posibilidad de que todos los investigadores pudieran trabajar con imágenes, la alternativa óptima para no dañar los originales. Ninguna respuesta ha habido por parte del Arzobispado, denegándose las reiteradas peticiones realizadas para buscar un acuerdo. Ni el portavoz del arzobispado ni el secretario personal del señor arzobispo han atendido siquiera las llamadas y solicitudes por escrito.

Actualmente no solo se están trasladando los libros sacramentales sino que se practica un vaciado completo de los archivos parroquiales. Un discreto furgón procedente del arzobispado se acerca cada mañana a la parroquia correspondiente y con el mayor disimulo posible (o más bien clandestinidad) realiza la tarea.

No sabemos si fue el director del Diocesano quien reclamó este proceso de concentración, pero sería algo incoherente con el colapso previo del archivo y con las insistentes quejas que él mismo ha proferido sobre la supuesta escasez de recursos con que cuenta. Haya sido él o una instancia superior, se ha realizado sin atender al más mínimo sentido común, a la razón y al consenso que debería haber presidido esta medida tan trascendental para el patrimonio documental pacense.

El proceso no ha finalizado, pero no dudemos que se consumará este despropósito, la acumulación y sepultación de toda la documentación eclesiástica en un solo edificio. Quien sabe los años que transcurrirán hasta que se decida profesionalizar la gestión de este archivo y se abran los fondos a los investigadores. Mientras tanto, la catástrofe se habrá producido. Confiemos en que, al menos, los medios materiales para la conservación del edificio y su valioso contenido sí estén a la altura.

 

Antonio Alfaro de Prado

Última actualización el Miércoles, 02 de Octubre de 2013 12:34
 

Directorio de Genealogía Hispana